Publicado el 12.02.2017 00

¿Y tú de qué humor estás?

¿Alegre y distendida? ¿Melancólica y pensativa? ¿O tus hormonas te hacen saltar entre los distintos estados de ánimo continuamente?

Una mujer comienza a ser madre en el mismo momento en que descubre que está embarazada.

Y a partir de ese momento las cosas cambian, envolviendo a cada futura madre en un torbellino de mil pensamientos que la acompañarán durante nueve hermosos meses.

¿De qué humor estás? Pregunta apropiada pero también irónica, visto que los nueve meses de embarazo están caracterizados por continuos cambios de humor.

El embarazo es  una experiencia emotivamente turbulenta y diferente de todas las demás, llena de sorpresas, curiosidades, preguntas y perplejidades; ni siquiera las mujeres más fuertes o las que ya son madres consiguen escapar de los cambios de humor.

En equilibrio entre felicidad y ansiedad, despreocupación y melancolía, bienestar e insatisfacción…

No te has vuelto “loca” de repente, solo te encuentras en medio de una vivaz tempestad hormonal en curso en tu cuerpo, unida a la evidentemente fuerte carga emotiva que estás viviendo y a los cambios físicos que están transformando tu cuerpo.

Pero el ingrediente que quizá más que ninguno acentúa tus cambios es la inquietud de ser madre y las dudas que derivan de ella: ¿cómo será mi bebé? ¿serán dolorosas las contracciones? ¿y el parto? ¿seré una buena madre?

No existen medicinas ni remedios mágicos para resolver este huracán de humores, pero algunos consejos pueden ayudarte:

  • No te lo guardes todo dentro, habla con el futuro papá, con los parientes, con las amigas. Hablar de ello te ayuda y su apoyo aliviará los pensamientos negativos
  • Sigue una buena alimentación: los alimentos sanos y nutritivos alivian la pesadez y las molestias
  • Los cursos de preparación al parto te harán encontrar mujeres como tú y te darás cuenta de que no estás sola con tus pensamientos
  • Descansa todo lo que puedas y recuerda que todo es normal y que dentro de poco todo tu malestar será más que compensado ¡con el primer llanto de tu bebé!